EL ORIGEN INCÓMODO DE MIS SENTIMIENTOS

Hay una crisis.

Mucho más grave y profunda que la financiera.

Una crisis que se está expandiendo por las psiques de la gente, infectando poco a poco cada átomo de poder interno que nos queda.

Ayer me escribe un suscriptor indignado:

“Intentas hacer sentir mal a la gente para venderle la moto… solo os interesa el dinero”.

Se refería a la frase en negrita de este email que envié (adjunto la última parte del email)

Si te crees ansioso, ansiarás más.

Si te crees humano que ansía, entonces sí puedes cambiar.

Puedes cambiar y convertirte en humano que confía.

Si eres una persona dispuesta a dejar de creerse identidades limitantes, puedo ayudarte.

Aquí te muestro cómo puedes aprender a confiar en ti.

Pero no vayas ahí si prefieres tu identidad de víctima impotente para recibir cariño, atención y demás beneficios secundarios.

Estoy harto de que la cultura trate a las personas con ansiedad como si fueran enfermas, tontas e incapaces de tomar responsabilidad por sí mismas.

La consecuencia es una persona creyendo que mis palabras generan sus sentimientos.

De alguna forma, cuando escribo siempre imagino que estoy hablando con mi yo antiguo. Porque yo fui el primero que caí en estas trampas psicológicas durante todos mis años de Absolutista Ansioso. Culpando a los demás de mis miedos y frustraciones. Responsabilizando de mis sentimientos internos a mis padres, al gobierno, a mis amigos, a mis profesores.

Responsabilizando a todos menos a mi.

Es obvio que quiero despertar ciertas emociones en la persona que me lee. Mi intención es que interprete mis palabras como una llamada a la aventura.

Que actúe.

Ya sea buscando una solución con nosotros o en otro sitio. Pero que busque una solución interna, no más excusas para seguir responsabilizando al exterior.

Antes de cualquier acción, siempre hay una emoción.

Algo que, de cierta manera, nos invita a actuar.

Y esa emoción, la generamos nosotros mismos a través de nuestra mente. Es decir, no la genera otra persona.

Si fueran los demás los que generan nuestras emociones, entonces seríamos unos esclavos impotentes.

Yo no creo eso de nosotros.

Yo sé que podemos usar la mente para cambiar la mente.

Podemos cambiar cómo pensamos y sentimos a través de técnicas psicológicas que la ciencia lleva validando décadas.

Uno puede conseguir que no le “moleste” nada de lo que digo.

Porque lo que está leyendo ahora esa persona, solo son imágenes en una pantalla.

La emoción que surge al leerme, surge debido a un secreto que pocos humanos conocen hoy en día. Y lo deconocen principalemente por dos razones:

1. Prefieren negar la verdad, porque es más cómodo.

2. La cultura prefiere que neguemos esa verdad, porque así somos más manipulables.

Ese secreto es que nuestros sentimientos no vienen de fuera.

Tus sentimientos vienen de tu cerebro.

Si no, no habría personas que reaccionan diferente a la misma situación.

Viendo un monólogo de comedia, unas personas ríen de alegría. Otras no sienten nada. Y otras… se molestan, culpando al cómico de sus sentimientos.

Unas están perdidas en un malentendido fundamental.

Y otras pocas, conocen este secreto liberador (pero más incómodo).

Somos nosotros los que proyectamos significados en las palabras de los demás. Y esos significados son los que despiertan nuestras emociones internas.

No las palabras en sí mismas.

No las imágenes que estamos viendo en la pantalla.

Sino los significados que proyectamos.

Ahí está el origen de nuestro éxito o fracaso psicológico.

Antaño creí que los demás eran responsables de mi sentir<> pensar.

Esos años fueron los peores de mi vida.

Pero llegó un momento donde alguien me dijo una serie de palabras parecidas a las de hoy. Al principio las interpreté como insultantes y molestas. Sentí asco, rabia e incluso miedo y vergüenza.

“Qué se ha creído diciéndome eso”, pensé.

Pero luego eché un segundo vistazo a esas mismas palabras, y encontré algo transformador.

Soy responsable.

No, no soy responsable de que me atropelle un coche.

Pero sí de haber elegido salir a la calle hoy.

Y más importante, sí soy responsable de lo que sienta hacia el conductor del coche.

Si una persona puede sentir odio ante el conductor… y otra puede sentir paz… eso significa que la emoción no viene del conductor, sino de nuestra proyección psicológica.

Si quieres profundizar en esta comprensión incómoda, sin garantía ninguna, puedes entrenarte con mi hermana y conmigo aquí.

Prefiero decir mi vedad y vender menos cursos.

Así puedo profundizar mejor con los que comparten mi perspectiva de libertad interna.

Si dijera que puedo ayudar a los otros, estaría mintiendo.

Paz,

Íñigo